domingo, 10 de julio de 2011

¿Existe una buena relación médico-paciente en el Sistema Médico Familiar?

Julio 10, 2011.

Se ha escrito mucho sobre este tema, porque es un tema que preocupa. Los expertos, y estudiosos, en medicina familiar observan y dan seguimiento al comportamiento de los médicos familiares y a la satisfacción o insatisfacción de las personas (enfermas o no)  que los consultan. Al respecto, sacan conclusiones y proponen modelos de atención.
         El tema no es nuevo. En México data de 1959 (62 años), fecha en la que se oficializó el Sistema Médico Familiar como modelo para impartir la consulta externa (primer nivel de atención) en el IMSS. Casi todos los interesados en el tema, principalmente investigadores de la UNAM y “planeadores” institucionales, lo que buscan es que el Sistema Médico Familiar sea operante, que sea el ideal; que funcione aunque sea por decreto. Esta búsqueda incansable, e inútil, es un reconocimiento implícito de que el sistema no funciona adecuadamente. El trabajo más serio, y completo, que he leído sobre el tema es:
“Importancia de la comunicación médico-paciente en la medicina familiar”
Hernández Torres I, Fernández Ortega MA, Irigoyen Coria A, Hernández Hernández MA.
Archivos en Medicina Familiar, Vol 8 (2) 137-143, 2006.
           
El meollo del trabajo es la importancia que tiene una buena comunicación médico-paciente y hacer hincapié en que esta importancia es mayor para el médico familiar. Los autores nos dicen: “El propósito de este trabajo es presentar diversos tópicos sobre el tema de la comunicación en la relación médico paciente con la intención de contribuir a que el médico familiar logre una comunicación más efectiva con su paciente, la familia y el equipo de salud”.
Como en casi todos los trabajos al respecto, los autores señalan que el médico familiar no sólo debe incursionar en el aspecto biológico del individuo, sino también en el psicológico y social. Esto último es uno de los añejos, e incumplidos, objetivos del Sistema Médico Familiar, que dice: “Permitir que el médico pueda conocer en sus aspectos físicos y psicológicos al núcleo humano a su cuidado y, en consecuencia, actuar eficazmente como consejero y educador de las familias, particularmente en lo que se refiere a la prevención de enfermedades”.
         El trabajo que comento es, como ya mencioné, un trabajo serio, pero es un trabajo que se basa en condiciones ideales. Una buena parte de los enunciados de este ensayo son, per se, irrebatibles. Cito como ejemplo el que me parece más significativo: “el paciente debe sentirse escuchado y debe percibir interés por parte del médico”. No hay quien se atreva a rebatir que esto es válido y que es fundamental. Sin embargo, para abordar un problema que es mayúsculo, que es crónico y que parece irreversible, no son válidos los planteamientos basados en condiciones ideales. Imagino un consultorio “prueba” montado en la Facultad de medicina de la UNAM, en el cual  un paciente está frente a un médico que dispone de todo el día para atenderlo, escucharlo, comprenderlo y mostrarle su interés.
         Los autores nos ofrecen una cita de Tates: “una de las mayores cualidades del médico debe ser su conducta afectiva que le permita reflejar sentimientos, mostrar empatía y preocupación por sus pacientes”. En otra parte del trabajo nos dicen que Korsch: “apoya la idea de que hay una relación significativa entre la satisfacción del paciente y lo amigable y simpático que pudiera ser el médico …”. Y aquí ya entramos al terreno de lo rebatible. Esto, señor Tates, señor Korsch, podría suceder en el consultorio “prueba” montado en la Facultad de Medicina de la UNAM, pero es imposible en una clínica de consulta externa del IMSS o del ISSTE, en cualquier rincón del país. En estas clínicas el médico que atiende a un derechohabiente, enfermo o no, sabe que afuera esperan otras 20 o 25 personasy que él dispone de pocos minutos para atender a cada uno, de modo que, por más amigable, sentimental, preocupado y simpático que quiera ser, lo que lo apremia es el tiempo. Le gana la prisa.
         En mi libro “CERO menos UNO. El caos de la consulta en el Seguro Social”, cuya quinta edición actualizada y corregida está por ser publicada, argumento que el Sistema Médico Familiar es obsoleto, que los derechohabientes no consideran médico de sus familias a los médicos “familiares” que les imponen, y que los médicos “familiares” no se siente médicos de familia alguna. Aseguro también, que es imposible conocer en sus aspectos psicológicos a 2,400 personas. El Sistema Médico Familiar es inoperante. Impide que la consulta externa sea eficiente y expedita y es causa de que la carga de trabajo entre los médicos de un mismo turno sea muy desigual.
         ¿Los autores del trabajo en cuestión y los señores Tate, Korsch y otros señores que citan, han trabajado alguna vez como médicos familiares? ¿Han estado en la trinchera? ¿Han escuchado que los derechohabientes y/o sus representantes sindicales les mienten la madre con o sin razón? Hay alternativas para atender la consulta externa institucional en las que no tienen cabida los adjetivos de afecto, simpatía, amigable o ternura, pero que hacen posible que la atención sea expedita, eficiente y respetuosa. El primer requisito es terminar con el obsoleto Sistema Médico Familiar. Sin este requisito seguiremos en el terreno de la utopía, la que, según el Diccionario de la Real Academia Española es un: Plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación.
Dr. Ricardo Perera Merino

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