Julio 07, 2011.
A los médicos nos molestan mucho en relación con el documento en el que prescribimos medicamentos: la receta. La burocracia sanitaria se puso en marcha para “ilustrarnos” al respecto. La receta debe ser un documento impreso en el que se consigne el nombre del médico que prescribe, el número de su cédula profesional, la universidad en la que cursó la carrera y, de tenerla, su especialidad. También la dirección de su consultorio y su teléfono.
Si bien no existe una reglamentación que obligue al médico a mandar a hacer sus recetarios en una imprenta, los pacientes enfrentan dificultades cuando la receta que llevan a una farmacia es una simple hoja de papel, tamaño media carta, elaborada por el médico en una computadora y en la que consigna todos los datos mencionados arriba. ¿Existe alguna diferencia entre una receta hecha por el médico y una receta hecha por una imprenta? El papel, tal vez. Las imprentas utilizan papeles sofisticados, gruesecitos, y no necesariamente de color blanco con letras negras. Puede tratarse de recetas azulitas, verduzcas y hasta color de rosa, con letras del tipo y color que el médico elija. Algunos las mandan a hacer con figuritas. Un cardiólogo, por ejemplo, puede mandar a hacer sus recetas con un corazón muy rojo en una de las esquinas; o un cirujano plástico puede pedir que, como fondo diluido se vean unos senos flojos al lado de unos senos firmes y altivos. El formato es, definitivamente, más profesional y, por esto, tiene un costo elevado. La receta de computadora es sencilla, generalmente impresa en una simple hoja blanca. El costo para el médico es mínimo y elabora únicamente las que necesita. La firma del médico, lo que verdaderamente cuenta, es la misma en una versión o en la otra.
¿Qué importancia puede tener, en una receta, que esté consignado el nombre de la universidad de la que es egresado el médico? El número de cédula profesional es fundamental y no debe faltar, pero la universidad es irrelevante. Para obtener la cedula profesional es menester registrar el título profesional en la Secretaria de Educación Pública. El título, en el que lo primero que resalta es la universidad que lo extendió, es registrado en un Libro. ¿Le importa a alguien que el médico sea egresado de la “Benemérita Universidad Autónoma de Puebla”, de la “Universidad Autónoma de México” o de la “Universidad La Salle”, campus Morelia? ¿La consignación de ese dato tiene alguna importancia para el paciente, para las farmacias o para la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS)?
Se me puede preguntar: ¿Cuál es el problema de consignar en la receta el nombre de la universidad de egreso? Respondo: ninguno. Tampoco sería problema consignar en la receta el signo del Zodiaco del médico que prescribe. Lo que sí tiene importancia porque es problemático, es la serie de “regulaciones” burocráticas, acumulativas, que nos dificultan el trabajo. Recientemente tuve que acudir a un centro de salud, en el D.F., para obtener las formas de certificado de defunción. No me dieron nada. Para obtener dichas formas, el médico escribe en una receta el nombre de la persona fallecida, la fecha y hora y el diagnóstico. Frente a mí, en el vidrio que me separaba de la persona que me atendió, había un documento con los requisitos que debían tener las recetas. Ser de imprenta (la mía es de computadora) y, además de todos los datos ya mencionados, consignar el nombre de la universidad de egreso (mi receta de computadora no lleva ese dato).
Desde mi muy personal punto de vista, la receta más confiable que puede haber es un documento no impreso. Una hoja blanca del tamaño habitual de un recetario, o del tamaño que se quiera, en el que el médico escriba de su puño y letra su nombre, su cédula profesional y su dirección (el teléfono también es irrelevante). Los medicamentos y dosis que prescriba puede consignarlos a máquina o, mejor, también de su puño y letra. Y, por supuesto, su firma. ¿No se les ha ocurrido a los “reguladores” que cualquier persona puede mandar a hacer recetarios en una imprenta? Es facilísimo y tal vez más frecuente de lo que pudiera suponerse. En las imprentas no piden, a quien va a ordenar recetarios, que muestre su título y su cédula profesional. Lo que resulta imposible de falsificar es lo escrito de puño y letra.
Aquí dejo la idea, aunque sé que la leerán muy pocos y nadie le hará el menor caso.
Ricardo Perera Merino
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar